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Instabook 4, ¡Happy Stories!

¡Vuelve Instabook Happy Stories!
Y, en esta ocasión, pasa de nuevo por esta casa. Ahora os explicamos porqué...

Nuestra querida Pattrice, encargada de la creación de contenido, además de la parte visual, de Almas de Viento ha querido involucrarse en esta fiesta y mostrarnos su faceta literariocreadora de historias. 
Es por eso que se ha puesto a los teclados, dispuesta a continuar la historia que creamos hace ya algunas semanas y que fue continuada por nuestras amigas Rebeca Bañuelos y Ana Nieto.
Por si aún no habéis leído, aquí os dejamos los enlaces a la primera, segunda y tercera parte.
Y si os queréis apuntar a continuar la historia, enviad un e-mail a almasdeviento@live.com y os daremos el turno.
Ahora, el espectáculo debe continuar...


No sabia como mi vida había sufrido un cambio tan drástico en tan pocas horas. Ahora estaba sentada en el coche, junto a dos desconocidos que me habían salvado de quien creía mi mejor amigo. No deseaba ser sarcástica, pero era lo más inverosímil que había oído en la vida. Lo peor de todo es que no sabia qué más me depararía esta aventura. 

El coche frenó en secó. Amanda me pidió que la siguiera hasta el callejón. No sé porqué, pero mi cuerpo era incapaz de reaccionar pese a la adrenalina. La seguí sin prisa mientras esquivaba la basura agolpada en la calle, hasta llegar a una puerta roja sin cerradura. Golpeó tres veces y la puerta cedió con un estruendo que me caló hasta los huesos.

¿En realidad iba a entrar ahí dentro? Lo mejor sería huir y tomar precauciones para que él no me encontrará. Quizás lo mejor sería volver a casa y dejar todo aquello como un suceso para olvidar, pero la curiosidad no me dejaba pensar en algo que no fuera el dichoso libro y en la transformación de Iaín. Una voz que pronunciaba mi nombre me sacó del ensimismamiento. 

No pensé y la seguí hasta una red de túneles subterráneos. Me exigió que no la perdiera de vista en ningún momento, ya que los pasillos recorrían la ciudad y podía acabar en un lugar peor que ese. Fue entonces cuando un nudo se formó en mi garganta. Pasamos por un cruce de corredores de los que salían los olores más atípicos que pudieras imaginar. Eso sin pensar en las ratas que pasaron a mi lado y jugueteaban con mis botas. 

Subimos por unas escaleras medio derruidas. Los escalones eran cada vez más sólidos y el ambiente cambiaba a medida que ascendíamos. Mi desconcierto se hizo evidente cuando el brillo de las lámparas mostró la cúpula que se hallaba frente a mí. Sus lámparas encajaban perfectamente en un ambiente un tanto lúgubre, solamente interrumpido por los escasos rayos de luz que entraban a través de los ventanales. Pero lo que realmente captó mi atención fue la multitud de encapuchados que se escondían entre las columnas de la sala. Un susurro invadió la estancia. Era como una caricia suave, el murmullo de la seda al rozar con el mármol. Repentinamente una figura apareció, era como si emergiera de la nada, etérea e irreal. 

Aquella mujer parecía salida de otro mundo. Lucía un vestido de seda verde con bandas metálicas cosidas del cuello hasta su cintura. Era la sensualidad y la sofisticación en persona. Aquel vestido era una obra de arte digna de una reina. Era el tipo de mujer perfecta e inteligente que inspira temor y admiración al mismo tiempo. Sólo con una mirada todos se inclinaron ante ella. Retrocedí sin darme cuenta, hasta que Amanda me susurró al oído. 

–No es de buena educación huir ante un miembro de la realeza. Y mucho menos de alguien tan cercano a ti, Raiza.

Sus palabras me recorrieron como un veneno por la piel. Su voz retumbó en mi mente, “tan cercano a ti...”. Me giré hacía ella y su sonrisa ensanchó al ver mi cara de confusión.

Una explosión, un tumulto de pasos y gritos se acercaban por la escalera que estaba a mis espaldas. Miré a Amanda, esta me agarró y echó a correr en dirección contraria. Al pasar por el centro de la sala me di cuenta que la mujer y todos los encapuchados ya no estaban. Era como si nunca hubieran estado allí. 

Mi corazón latía velozmente mientras corríamos por los pasillos. Fue entonces cuando la voz de Iaín tronó en la estancia. Era inhumana y desgarradora. El vello de la nuca se me erizó y supe que jamás podría huir de él. 

Corrimos por el pasillo. Todo me temblaba, casi no podía llevar el ritmo de ella cuando Iaín la cogió por sorpresa y le rompió el cuello sin ningún esfuerzo. Me quedé paralizada, mirando la expresión de  asombro que se había inmortalizado en la cara de Amanda. Miré hacía atrás y me di cuenta que había una docena de hombres armados hasta los dientes. No tenia a donde ir, estaba completamente atrapada. 

–Me alegra verte tan bien, Raiza. Seguro que te preguntas cómo es que sigo vivo. O quizás no, porque no tuviste reparos en huir, dejándome medio muerto.

–Tampoco vi como te temblaba el pulso mientras me encañonabas –mi voz sonó dura, aunque temblaba de pies a cabeza. Pero lo que me asustó fue la carcajada de Iaín. 

–Mi querida Raiza, si supieras el papel tan importante que desempeñas en esto no serías tan valiente y rencorosa conmigo, ¿a caso nadie te ha dicho que tú eres la llave que tanto tiempo llevamos esperando? 


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